Cuando alquilas una vivienda entera, la convivencia es asunto de los inquilinos. Cuando alquilas por habitaciones, es asunto tuyo: las personas no se han elegido entre sí y esperan que el propietario ponga las reglas del juego. Unas normas claras son la herramienta más barata para evitar conflictos y salidas anticipadas.

Por escrito y junto al contrato

Las normas deben estar por escrito, entregarse antes de firmar y figurar como anexo del contrato. Así nadie puede decir que no las conocía, y su incumplimiento reiterado puede pactarse como causa para dar por terminado el alquiler.

Qué deben cubrir

  • Descanso: franja de silencio por la noche y volumen razonable el resto del día.
  • Limpieza de zonas comunes: quién la hace y cada cuánto. Turnos rotatorios o un servicio pagado entre todos.
  • Cocina y nevera: recoger después de cocinar, espacio asignado a cada persona, qué se comparte y qué no.
  • Baños: uso y limpieza, sobre todo si son compartidos.
  • Visitas: si se permiten, en qué horario y si pueden quedarse a dormir.
  • Tabaco: dónde se puede fumar, si es que se puede.
  • Mascotas: permitidas, prohibidas o a valorar en cada caso.
  • Basura y reciclaje: quién la baja y cuándo.
  • Lavadora y tendedero: horarios y turnos si hace falta.
  • Calefacción y aire acondicionado: uso razonable, sobre todo si los gastos están incluidos en el precio.
  • Seguridad: cerrar la puerta de la calle, no dejar copias de las llaves a terceros.
  • Averías: a quién avisar y por qué medio.

Cómo redactarlas

  • Pocas y concretas. «Silencio de 23:00 a 8:00» se cumple mejor que «respetar el descanso de los demás».
  • En positivo cuando se pueda. «La cocina se deja recogida después de usarla» en lugar de una lista de prohibiciones.
  • Una página. Si ocupan tres, nadie las lee.
  • Iguales para todos, también para ti si vives en la casa.

Las visitas: el punto que más discusiones da

Prohibirlas del todo suele espantar a buenos inquilinos; no decir nada acaba en que alguien tiene a su pareja viviendo en la casa sin pagar. Un término medio razonable es permitirlas con sentido común y respetando el descanso de los demás; si quieres concretar más, limita las noches seguidas que puede quedarse una persona de fuera. En nuestra casa las visitas están permitidas con ese criterio de sentido común.

Qué hacer cuando no se cumplen

  • Habla primero, en privado y cuanto antes. La mayoría de los problemas son descuidos.
  • Avisa por escrito si se repite, recordando la norma concreta.
  • Aplica el contrato si no cambia: para eso se pactó como causa de resolución.

Un canal para lo cotidiano

Un grupo de mensajería con todos los inquilinos sirve para avisar de averías, obras o entradas nuevas. Úsalo para lo práctico y deja las conversaciones delicadas para el uno a uno.

Enséñalas antes de la visita

Si las normas están publicadas, quien no esté de acuerdo ni siquiera te escribe. Es otra razón para tener una web propia con las condiciones a la vista. ¿Quieres una como esta? Te contamos cómo.